interview / portait, Francisco Lopez Frias
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Imitadora en el pasado de cantantes como Nico, Patty Smith, Blondie o Kate Bush y comparada en el presente con vocalistas como Marta Sebestyén o Björk y en su música con grupos como Malicorne, Hedningarna, Steelye Span o Dead Can Dance, fue una de las últimas artistas que desfilaron por el Fórum de las Culturas de Barcelona este pasado, frenético y concurrido verano musical de delirante recuerdo. Y lo hizo entregándonos parte de ese legado personal, bautizado con ethnotrance balcánico con toques de psicodelia rock, en tres cálidas veladas de un tardío estío finiquitado en todo menos en lo climatológico.
Era la primera vez que actuaba en Barcelona y para desconsuelo de un servidor, que tuvo la mala fortuna de asistir a la tercera y última de sus actuaciones – un día antes de este encuentro-, decidió no repetir repertorio, al contrario de lo que hizo la mayoría de los restantes artistas invitados al certamen. La casualidad quiso que esta polifacética cantante griega – tiene estudios paralelos de arte dramático, música bizantina y canto clásico, además de haber escrito dos novelas: “Siete veces en Amorgós” y“La espada de fuego” con un elevado sentido de la autoexigencia, en ese tercer concierto sólo incluyese algunas pinceladas de su último y excelente disco “El Secreto de las Rocas”.
“Nunca tocamos el mismo repertorio de un concierto a otro, porque acostumbramos a incluir canciones de los tres álbumes que hemos hecho Stathis Kaliviotis y yo juntos”. Una actuación en la que pudo demostrar sus dotes interpretativas. “No es que actúe encima del escenario, pero sí que me gusta ser comunicativa a todos los niveles, no sólo en el musical, sino con el propio lenguaje corporal. Me gusta mucho bailar – fui bailarina de niña”. Hechas estas aclaraciones, lo primero que se me ocurre espetarle, sin fingida cortesía y con la debida corrección, en el rostro, y nunca más apropiada la expresión, es el extraordinario parecido físico que guarda, a mi juicio, con la arpista y cantante canadiense Loreena McKennitt, con la que mantiene otros paralelismos menos prosaicos y más artísticos como el hálito de cierto misticismo que envuelve su figura encima del escenario y su obsesión por las armonías vocales.
“Conozco a Loreena McKennitt. En 1991, antes de haber publicado los tres discos más importantes de mi carrera como artista, durante un tiempo estuvimos actuando con un repertorio de canciones originarias de todas las partes del mundo, muchas de las cuales eran canciones del Mar Mediterráneo, con arreglos muy diferentes (por ejemplo, en clave africana). Y en cierta ocasión, una persona, se me acercó y me entregó un disco de una cantante que le recordaba mucho a mí” (risas). Pero el despegue de la carrera de esta cantante griega se remonta unos años atrás cuando es elegida para actuar en óperas musicales como Jesus Christ Superstar (en el papel de María Magdalena) y Evita (con el personaje de amante del General Perón) y, posteriormente, en 1983, con su participación en el Festival de Eurovisión – curiosa coincidencia con la experiencia eurovisiva de otras dos vocalistas de estos géneros de la world music, como la egipcia Ofra Haza y la portuguesa Dulce Pontes -, y que con la perspectiva del tiempo podrían interpretarse bien como simples pasos necesarios para poder llegar a desarrollar sus verdaderas inquietudes musicales en otras formas de expresión menos comerciales, bien como errores profesionales de los que arrepentirse por sus importantes consecuencias.
“En los inicios de mi carrera como cantante, en Grecia, lo primero que hice, antes incluso de estudiar, fue tocar con grupos de rock en el instituto. Quería hacer música y llegar a hacer mis propias cosas. Fue una tarea difícil porque el tipo de música que siempre quise interpretar no es fácil de clasificar o categorizar. Yo había crecido con la música rock pero, al mismo tiempo, me encantaba la música folk, tanto la griega como la balcánica. También disfrutaba con óperas-rock tipo ‘Jesus Christ Superstar’, que solía representar con mi banda en el instituto. Entonces, cuando el montaje llegó a mi país y acudí a la audición me ofrecieron el papel de Magdalena. Mi participación en Eurovisión fue un poco accidental porque el letrista de la canción, que era amigo mío, me pidió que grabase como cantante la canción para la demo, y al final resultó elegida la primera para concursar. Y en 1986, edité mi primer álbum, de estilo pop, que fue un hit comercial muy grande. Pensé, en aquel momento, que era la mejor manera de continuar y poder llegar hacer aquellas cosas en las que yo tenía un mayor interés. Pero fue un error porque las grandes compañías me clasificaron como la típica jovencita mona capaz de hacer un pop comercial con mucho tirón. Como no estaba de acuerdo, esa fue la razón por la que no publiqué muchos álbumes entre 1987 y 1997, que fue el año en el que se editó, finalmente, “Ifandókosmos”… Aunque, en realidad, hubo otro disco anterior en 1993, con otro compositor. Pero debo admitir que siempre he intentado extraer lo mejor de todas las experiencias en mi vida, en general. Y todo eso supuso una gran experiencia para descubrir qué es lo que tenía que evitar en un futuro. Si eres capaz de enfrentarte con criterio a la visión de los demás tomando decisiones arriesgadas, todo se convierte en una muy buena lección y la experiencia en algo agradable en el sentido de lo mucho que te hace aprender”.
En ese punto, parece que fue clave que, en la década de los 90, Kristi conociese al músico Stathis Kaliviotis, compositor de casi toda la música de las canciones en esta nueva etapa de renacimiento de la cantante como artista. “Sí, es verdad que empecé a hacer mis propias cosas en mis discos y a trabajar con pequeñas compañías, cuando encontré a Stathis Kaliviotis, el letrista de las canciones, que también es mi marido en la actualidad y con el que he estado conviviendo juntos en los últimos 15 años. Comenzamos a hacer música tipo ethnopunk, en un grupo que no recibió el apoyo de las grandes discográficas, pero que, en cambio, sí tuvo una gran aceptación entre los aficionados de pequeños clubes de Atenas. Y el siguiente paso ya fue el álbum “Ifandókosmos”, el primero de los tres trabajos que hoy puedo afirmar están más cercanos a lo que a mí me gusta y quiero hacer”. A ese disco del año 1997, le seguirían“Echotropia” en 1999 y, finalmente, “El Secreto de las Rocas” en 2002 (la edición española es deResistencia, 2003). Tres propuestas musicales, no obstante, que no guardan estrechas similitudes.
“No, el primer álbum, encierra un sonido más folk-rock y menos electrónico. La mayor parte de los temas los tocamos en vivo en el estudio, con la banda que teníamos entonces. En el segundo disco dispusimos del estudio mucho más tiempo, porque el primero nos había permitido la oportunidad de conseguir un mejor contrato; por eso pudimos experimentar algo más con la tecnología electrónica. Este tercer y último trabajo fue desarrollado en nuestro pequeño estudio casero, utilizando mucho el ordenador, recurriendo al sampling, al live-looping, etc. En este caso, sólo acudimos al estudio grande para hacer las remezclas de las grabaciones. Fueron razones de conveniencia, porque cuando tú trabajas en casa, es posible que no consigas la misma perfección de sonido que en la grabación del estudio, pero sí que lo haces en el momento perfecto”. Un disco titulado “Los Secretos de las Rocas”, seguramente, porque fue concebido en playas de las Islas del Mar Egeo (Islas Cicladas), donde no hay árboles, crecen pocas plantas y sólo hay rocas y mar; un lugar donde conviven, amistosamente, cabras y lagartos. Y donde, según parece, durante la noche, entre los guijarros del litoral rocoso y las olas mecidas por el viento se pueden escuchar sonidos de susurros e insinuaciones, escuchar intrigantes risas y pasos. Un entorno bucólico en el que ellos se integraron con un ligero equipaje personal: la guitarra, la flauta y el minidisc.
“Empezamos el proceso de grabación de esta forma: primero, las canciones originales, ayudados en la interpretación sólo con el laúd o baglama, pero sin sonidos pregrabados, excepto pequeños samples que fueron usados después en la grabación hecha en mi casa. Esos sonidos fueron captados en esa atmósfera que has descrito, viviendo libremente, cerca del mar, durmiendo en la playa. Es, por otra parte, lo que siempre hemos estado haciendo desde que era muy joven, cuando empecé mi carrera como artista. Una vez tuvimos todas las canciones reunidas en el álbum, al mismo tiempo, empezamos a añadir esas grabaciones o samples de las olas, los guijarros, los cencerros…”. Desde aquel enclave costero, nuestra artista tuvo su primera toma de contacto con las músicas del Mediterráneo (la italiana, la turca, la balcánica, incluso la griega bizantina…) a través de las emisoras extranjeras que sintonizaba en la onda larga de su transistor, y se empezó a fraguar la importante relación de Kristi con el mar, los sonidos de la naturaleza y el medio ambiente, la vida sobria que prescinde de las comodidades urbanas y que recurre a pautas de integración tan simbólicas como la práctica del nudismo y el consumo exclusivo de los alimentos básicos. Algo que me sugiere la idea de hablar, en su caso, de un entronque perfecto, a modo de eslabón, entre la estética contracultural del movimiento hippie de los 60 y 70 y el planteamiento filosófico-vital del pensamiento new age de los 70 y 80.
“Creo que sí que puedes tener razón en que hay una gran conexión entre el movimiento hippie y la new age. Quiero decir, que después de los 90, yo diría, que esta cultura y forma de vida está empezando a volver, especialmente, entre la gente joven. Musicalmente hablando, estoy de acuerdo con que las tendencias y los tipos de música se van expandiendo y van evolucionando en círculos todo el tiempo. No me preocupa demasiado saber lo que está in y lo que está out, en cada momento. Lo que estoy haciendo, personalmente, como artista, es intentar hacer la música con los medios que tengo a mi disposición. Si a eso se le llama ‘world music’, ‘ethnic’, ‘new age’ o ‘electronic’ no nos hace diferentes a nosotros. Por otra parte, no me siento partícipe de la new age ni de ninguno movimiento o categorización acaba limitándote. Pero también comprendo la necesidad de recurrir a algunos con nombres, porque es una manera de describir lo que cada artista está haciendo. Simplemente, que no me gusta ser clasificada o encasillada en una caja o sección, porque alguna gente usa esos término para describir la ideología junto a la música”. El caso es que su segundo disco de esta nueva etapa, “Echotropia” alcanzaría durante el año 2000 el sexto puesto y al final del mismo el lugar nº 35 de la lista de la World Music Charts Europe. Y que con “El Secreto de las Rocas” el éxito sería aún mayor, obteniendo en 2003, el primer puesto provisional y el sexto definitivo. Algo que Kristi supo digerir sin nerviosismo. Ese éxito es parecido al cosechado por otros populares compatriotas suyos que en los últimos años han visto amplificada su proyección internacional como consecuencia del imperante gusto actual y las preferencias de una audiencia cada vez más interesada por la música étnica y de raíz. Vocalistas como Yorgo Dalaras, Eleftheria Arvanitaki, Alkistis Protopsalti, Haris Alexíou o Savina Yannatou, y con los que Kristi no parece tener objetivos comunes. “No, no tengo nada que ver con todos esos músicos excepto con Savina Yannatou. Pero eso no significa que tenga nada contra de lo que hacen, son muy buenos artistas. Sólo que ellos y ellas están trabajando en otras direcciones diferentes a la mía. Están involucrados en proyectos que, en su mayor parte, tienen que ver más con la idea de cantar y menos con el aspecto de la creación. Cuando era más joven me sentía más como ellos, una cantante, pero ahora debo admitir que, incluso, me divierto más en el proceso de escritura y composición de las canciones, porque me entretiene la manera como lo hacemos justos, Stathis y yo, sentándonos en el estudio, recopilando canciones, recogiendo sonidos, cambiándolos, seleccionándolos, editándolos. Pero, ya te digo que son artistas a los que respeto mucho. Savina Yannatou es una muy buena amiga mía a la que considero una de las mejores cantantes del momento. Ella también está haciendo sus propias cosas y en Grecia se nos ve a ambas como dos artistas pertenecientes a un mismo estilo de interpretación, alejado de la onda de Eleftheria, Alkistis o Dalaras…que, insisto son todos ellos unos grandes nombres y, por supuesto, mucho más populares que nosotras en mi país”. Lo que está claro es que adorando como lo hace, el Mar Mediterráneo, una fuente de inspiración primordial en su doble faceta artística y humana, es lógico que comparta la idea de una cultura supranacional de todos los pueblos bañados por sus aguas, la existencia de unas identidades culturales y musicales con unos nexos comunes que pueden unir o emparentar los Balcanes de Goran Bregovic con la Mallorca de María del Mar Bonet, o la Cardeña de Elena Ledda con el Nápoles de Eugenio Benatto…
“Por supuesto, el Mar Mediterráneo es el mar más importante en mi vida. Conozco a María del Mar Bonet y sí que encuentro muchas conexiones en la música de todos estos artistas mediterráneos que tú has mencionados. Como te dije al principio, en 1991, cuando todavía no había grabado ninguno de esos tres discos junto a Stathis, me llegó una demo que era una compilación de nuevos arreglos sobre canciones del Mediterráneo escritas por artistas como Radio Tarifa, Goran Bregovic, Nuova Compagnia di Canto Populare, música de Túnez… Entonces, nos dedicamos a hacer covers de esos temas para incluirlos en nuestro repertorio de conciertos, y bautizamos el show o programa como ‘Lingua Franca’, porque ése era el idioma que utilizaban los mercaderes del Siglo XII en el Mediterráneo, una mezcla de lenguas que les permitía poder comunicarse mutuamente. Creímos que era el mejor nombre para un tipo de repertorio que intentaba mostrar cuántas cosas hay en común entre todos los países mediterráneos”.